El estrés, ese gran desconocido
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El estrés, ese gran desconocido

¿En qué piensas cuando digo «estrés»?

Lo primero que te vendrá a la cabeza seguro que son palabras como «nervios», «tensión», «saturación», «malestar»

Y es normal, porque la idea que nos llega a todos es la del estrés como algo exclusivamente negativo.

Es algo que asociamos a momentos en los que no somos capaces de superar una situación y en los que nos vemos desbordad@s, ya sea en nuestro trabajo o en nuestra vida personal.

Pero lo cierto es que hay muchas más cosas a tener en cuenta.

 

Por un lado es un concepto absolutamente cotidiano que está en boca de todo el mundo («estoy estresad@», «este trabajo me estresa», «este ritmo de vida es estresante»…) pero en realidad sigue sienda un gran desconocido.

¡Y eso es un problema! 🤔

Porque si no sabes lo que te está pasando, es muy difícil poder encontrar una solución

Para empezar, entender bien lo que es te ayudará a poderlo gestionar a tu favor.

Al final se trata de evitar simplificar el estrés y verlo sólo como una cuestión de «tener nervios», o caer en la terrible frase de «es que yo soy así»…

Y por supuesto no deberíamos quitarle importancia.

Se trata de una respuesta de nuestro organismo que, si no sabemos manejar, nos puede traer muchos problemas.

Se trata de una respuesta de nuestro organismo ante una demanda importante o amenazante del entorno.

Surge de la famosa reacción de lucha/huida, un mecanismo instintivo y automático de nuestro cerebro que activa una alarma y nos prepara para hacer frente a un peligro o a un reto.

Implica un nivel elevado de agitación mental y tensión corporal.

 

Dicho de otra manera, nuestro cerebro detecta que tenemos que hacernos cargo de algo relevante y valora si disponemos de los recursos necesarios para hacerlo.

En caso negativo ( no tenemos, o creemos que no tenemos, la capacidad de superar la situación), la respuesta de estrés se mantiene y se acentúa para poder compensar esa diferencia entre lo que se nos pide y lo que podemos ofrecer.

Nos ponemos en estado de alerta y movilizamos a nuestro organismo, tanto a nivel fisiológico (tensión muscular, ritmo cardíaco…), como cognitivo (atención, velocidad de pensamiento…).

Cuando se activa el estrés, somos como un ejercito en alerta roja preparados para la gran batalla

Por ejemplo, si de pronto recibes un encargo de un cliente importante que te pide un servicio que no llevas a cabo habitualmente y con una fecha de entrega muy cercana, tu cerebro hace saltar las alarmas para que te hagas cargo de esa demanda.

Te sentirás más tens@, más acelerad@ y empezarás a pensar maneras de gestionar la situación.

 

O si mientras estás trabajando, justo en medio de una tarea muy urgente, te llaman de la escuela para decirte que tu hij@ se ha caído y que lo tienes que llevar a urgencias, tu organismo se estresará y te pondrá en marcha para intentar que te hagas cargo de todo.

Básicamente es una forma de activarte ante algún tipo de presión inmediata de carácter amenazante.

Y en general, aunque lo más habitual es hablar del estrés relacionado con el trabajo, en realidad es una respuesta que aparece igualmente en cualquier otro ámbito.

Puede suceder con las demandas de tu hij@ pequeñ@, con conflictos interpersonales, con problemas económicos, problemas de salud, etc.

 

Aquí tienes un vídeo muy interesante sobre el tema. Te recomiendo echarle un vistazo…

2- ¿Siempre es algo negativo?

Si te fijas, cuando te he descrito el estrés no he dicho en ningún momento que fuera algo ni bueno ni malo.

Y eso es así porque dependerá de cómo lo interpretemos y lo gestionemos.

En sí mismo es una respuesta natural y adaptativa de nuestro organismo.

Por eso, siempre que se trate de una respuesta proporcionada adaptada a la demanda, que te active para solucionarla de forma efectiva, el estrés funcionará como un mecanismo totalmente útil.

Podrás sentir algo de nervios y sensaciones fisiológicas de hiperactivación, pero no producirá efectos nocivos para tu organismo, y te ayudará a resolver la situación.

 

En cambio, si el estrés se mantiene activado demasiado tiempo con una intensidad elevada, lo más seguro es que te secuestre, se te vaya de las manos y las consecuencias negativas hagan acto de presencia (insomnio, problemas cardíacos, inestabilidad emocional, baja productividad, bajo rendimiento…).

Hay que partir de la base de que, para tu cerebro, todo lo que sea percibido como nuevo, descontrolado o impredecible, genera una reacción elemental de protección y de supervivencia.

Es tu mente consciente, tus creencias y tu capacidad de razonamiento lo que te permitirá regular la respuesta de estrés de una forma o de otra.

Por ese motivo debemos diferenciar entre…

 

» Eustrés  

 

😊

Imagina que sucede algo que activa tu alarma interior y te pones en alerta.

De entrada puedes sentirte desorientad@, pero luego confías en ti y entiendes que, siendo proactiv@ y con la mentalidad correcta, podrás hacerte cargo de la situación y superarla.

De esta forma, cuando entras en respuesta de estrés, si eres capaz de interpretar la escena de la forma más racional posible y abordarla de forma constructiva, tendrás muchas más posibilidades de que dicho estrés tenga un papel positivo.

En este caso podemos hablar de eustrés.

 

»Distrés

 

😖

Nuestra mente interpreta y pone sus filtros en cada una de las escenas que vivimos.

A partir de ahí, pueden pasar dos cosas: la más habitual es dejarse llevar por la fabulación más de la cuenta. La otra requiere más habilidad, y consiste en abordar las escenas desde el plano consciente para desarrollar una perspectiva más racional.

 

Es decir, que cuando sucede algo que te produce estrés, la opción más sencilla (por ser la más automática) es la de alejarte de la objetividad y calificar la situación como más difícil o más mala de lo que realmente es… (a esto se le llama distorsión cognitiva),

Entonces, si te ves superad@ por la situación y no ves la salida, tengas o no recursos suficientes para hacerte cargo de ella (ahí entran en juego las creencias, el autoconcepto y la autoconfianza) entonces el estrés puede intensificarse y alargarse excesivamente, volviéndose incluso crónico.

Si sucede esto, es claramente negativo y se llama distrés.

La mentalidad y los rasgos de personalidad de cada uno hacen que se perciban como más o menos amenazantes las diferentes situaciones de la vida

Cómo ves, el proceso de interpretación consciente de la situación es clave para terminar gestionando el estrés de una forma u otra.

Pero esto es sólo una de las partes, ya que en toda respuesta de estrés tendremos tres variables:

    • El estresor: La situación que está generando el estrés).
    • La respuesta automática de tu sistema nervioso: Una respuesta instintiva de protección orientada a la supervivencia.
    • La valoración consciente de la situación: Cómo interpretas y analizas lo que sucede.

La respuesta se activa ante el estresor porque, de forma inconsciente, percibimos que hay una posible amenaza  (una descompensación entre la demanda y los recursos).

 

Por eso no todos reaccionamos igual ante la misma escena.

Un ejemplo:

Te proponen participar en un congreso como ponente y hablar durante una hora delante de 500 personas. Es una gran oportunidad que puede hacerte crecer mucho como profesional.

Tienes mucha experiencia y conocimientos pero es la primera ponencia de este tipo que haces.

Tu autoconfianza te juega una mala pasada y de entrada lo ves como algo amenazante.

De forma automática sientes que no serás capaz de hacerlo bien y que puedes quedar muy mal delante de un montón de expertos de tu sector.

Pero, la cuestión es… ¿realmente tienes recursos suficientes para hacer una buena ponencia?

Dos opciones:

1- NO, y eres consciente de ello:

¿Qué puedes hacer?

  • AFRONTAS: Replanificas los próximos días y dedicas todo el tiempo necesario a prepararte. Adaptas la ponencia al nivel que puedas ofrecer con seguridad, evitando correr riesgos. Eres proactiv@ y crees en ti. La respuesta de estrés termina siendo un impulso controlado y te ayuda a avanzar (eustrés).

 

  • NO AFRONTAS: Te sientes incapaz de hacerte cargo de esta demanda. Tiras la toalla y llamas para decir que no participas en la ponencia. El distrés afecta a tu cuerpo y perdura hasta que el estresor desaparece. Si llamas rápidamente para anular el compromiso será una respuesta de corta duración (aunque intensa) y las consecuencias serán más leves. Si tardas días en decidirte y llamar, el estrés será mucho más nocivo. Luego puedes arrastrar otras emociones y sentimientos, como la ansiedad, la frustración o la culpa.

 

2-SI, tienes la capacidad de hacerlo:

 

  • AFRONTAS: Con un poco de reflexión y análisis te das cuenta de que te habías alterado más de la cuenta, porqué eres perfectamente capaz de hacerlo, y muy bien además. Sólo te ha hecho falta pensar un poco. A partir de aquí, sigues adelante, te preparas y vas a por todas. El eustrés te mantiene en alerta positivamente y te impulsa.

 

  • NO AFRONTAS: Tienes recursos pero sigues creyendo que no. Tu mente te traiciona. Acabarás evitando la ponencia o haciéndola mal porque no has creído en ti y no te has preparado bien. El distrés te acompañará en todo el proceso.

 

Y aún hay otra opción, y es que confíes excesivamente en tus capacidades (de forma irracional).

En ese caso el estrés no aparece porque crees que lo que vas a hacer es algo sencillo. Pero al llegar el día, te das cuenta que no… que no te está saliendo bien.

Entonces tu cerebro reacciona y finalmente aparece el estrés durante la ponencia (ya es demasiado tarde).

O aún peor… No te das cuenta de nada hasta que empiezan a caerte las críticas.

3- ¿Cuáles son las situaciones más habituales de estrés?

Para empezar, es básico entender que lo que sucede en el ámbito personal afecta al profesional y viceversa.

Porque ejercemos diferentes roles pero somos un único individuo.

Así que es importante prestar atención a las situaciones estresantes de cualquier ámbito de tu vida, ya que para mí siempre ha sido un error concentrar la gestión del estrés sólo en la dimensión profesional.

 

Dicho esto, los estresores (aquellas situaciones que nos ponen en alerta) pueden ser básicamente de cinco tipos:

 

1- Cambios imprevistos.

2- Cambios previstos con altas expectativas.

3- Incertidumbre.

4- Conflictos.

5- Sobrecarga.

 

Y según su forma de desarrollarse, pueden ser de tres tipos:

 

1- Del día a día.

2- Extraordinarios.

3- De larga duración.

 

Pongo algunos ejemplos:

 

-Cambios imprevistos: El estrés se basa en el pensamiento «no contaba con esto y no sé cómo gestionarlo».

    • Se estropea el coche o el ordenador.
    • Aparece una nueva ley que te obliga a aplicar cambios a tu empresa.
    • Te detectan una problema de salud que te obliga a cambiar tu dieta.
    • Te invitan a una ponencia muy importante con la que no contabas.

 

Cambios previstos con altas expectativas: El estrés se basa en el pensamiento «tengo que hacerlo muy bien, porque me importa mucho, y no sé si estaré a la altura..».

    • Casarse
    • Tener hijos
    • Emprender un nuevo negocio
    • Cambio de domicilio

-Incertidumbre (el «no saber qué pasará «): El estrés se basa en el pensamiento «no sé lo que va a pasar, no puedo anticipar lo que viene y eso supone un peligro».

    • Falta de clientes.
    • Un desequilibrio económico.
    • La aprobación de un gran cliente.
    • Una fuerte discusión de pareja que se queda sin resolver.
    • Unos resultados clínicos importantes.

 

-Conflictos (con pareja, hijos, familiares, amigos, clientes, compañeros…): El estrés se basa en el pensamiento «tengo que solucionar el conflicto pero no quiero afrontarlo porque no me veo capaz y me da miedo el resultado».

    • Debes hablar con un compañero, socio, empleado, conocido… que no cumple con su parte del trabajo en un proyecto.
    • Tienes un conflicto con tu pareja.
    • Tienes un conflicto con tu hij@.

 

-Sobrecarga (exceso de presión): El estrés se basa en el pensamiento « los demás me exigen cosas que creo que no puedo ofrecer» .

    • Una rabieta de tu hijo que no te permite seguir con tus tareas.
    • Una exigencia desmesurada por parte de tu pareja.
    • No tienes tiempo de terminar tareas importantes.
    • Llegas tarde a una cita importante.
    • Exceso de clientes y de comandas.
    • Te ves obligad@ a hacer algo que no te gusta.

 

Y cómo decía, estos ejemplos pueden darse:

    • En el día a día: Se estropea el coche, llega una multa…
    • De forma excepcional en la vida: Cambiar de domicilio, emprender…
    • O ser algo que se alargue en el tiempo: Un conflicto que no se resuelve, un trabajo que no te gusta o un problema de salud.

4- ¿El estrés es una emoción? Diferencia entre estrés y ansiedad

Aunque solemos pensar lo contrario, en realidad el estrés no es una emoción en sí mismo.

Se trata de un fenómeno fisiológico y psicológico complejo que incluye las emociones como síntoma.

 

Es decir, cuando el cuerpo tiene una respuesta de estrés se producen una serie de activaciones neurobiológicas que pueden llevarnos a sentir ciertas emociones.

En todo caso, el estrés produce sensaciones por si sólo. La propia reacción del cuerpo nos hace estar tensos, nerviosos y más acelerados, principalmente a causa de la adrenalina.

Pero a parte, puede activar respuestas emocionales.

La que más habitualmente aparece junto al estrés es la ansiedad.

Podemos decir que es casi una amiga inseparable del distrés

 

Y supongo que te preguntas… ¿pero qué diferencia hay exactamente entre una cosa y la otra?

Te voy a dar unas ideas para que aprendas a diferenciar estrés de ansiedad.

 

» Estrés

 

-El origen:

  • Está directamente vinculado a una situación concreta (el famoso estresor), a partir de la cual la persona percibe que no posee los recursos suficientes para afrontarlo (sea cierto o no).

 

-La presencia real del estímulo en el momento presente:

  • Es causado por factores externos que se relacionan con nuestra forma de interpretarlos. Si el estresor desaparece, el estrés desaparece con él.

 

» Ansiedad

 

-El origen:

  • Surge por la percepción de posibles peligros futuros sobre alguna cosa real o no. Se relaciona con la aprehensión y las preocupaciones, e incluso podemos no ser conscientes de lo que la provoca.

 

-La presencia real del estímulo en el momento presente:

  • La ansiedad, al contrario que el estrés, aparece por preocupaciones relacionadas con posibles peligros futuros, sean más o menos realistas. Además, es una emoción que sigue apareciendo aunque el estímulo no esté y sólo sea un pensamiento (una preocupación sobre algo que no ha sucedido). Puede surgir simplemente con la anticipación de consecuencias que no queremos vivir y que nos atemorizan.

 

Lo más importante es entender que la ansiedad puede ser una reacción emocional ante el estrés de larga duración, y por eso es muy habitual que las situaciones estresantes también nos produzcan ansiedad.

Y también es muy normal que se entremezclen otros sentimientos como la culpa, la frustración, el enfado o la tristeza.

Por eso no suele ser fácil distinguir qué es lo que estamos experimentando.

Sin olvidar que la ansiedad es una emoción con entidad propia que puede aparecer de forma aislada sin que haya estrés de por medio.

 

Por ejemplo, cuando te preocupa que tu hij@ salga por la noche incluso varios días antes de que lo haga. O te preocupas de forma exagerada por un viaje en avión que podría ser que hicieras de aquí dos meses.

Como ves, no hay un estresor específico en el presente que te ponga en alerta. Es tu mente la que activa el miedo ante cosas que ni tan sólo han sucedido aún.

 

Como siempre, una cantidad moderada puede ser totalmente adaptativa. Una ansiedad patológica ya es un problema.

5- ¿Qué podemos hacer con el estrés?

Concretamente tres cosas:

 

1- Podemos prevenirlo (antes).

2- Podemos promover el eustrés (durante).

3- Podemos gestionar y atenuar el distrés (después).

 

» Prevenir

 

La prevención es lo que podemos hacer antes. Es decir, son las acciones que podemos llevar a cabo en nuestro día a día para hacernos más fuertes ante el estrés.

Para ello tenemos herramientas que podemos usar para eliminar estresores de nuestro día a día o entrenar nuestra capacidad para manejarlos.

Pero no olvides que la ausencia total de estrés es una utopía. No sería bueno, ya que también nos ayuda a superar situaciones difíciles y es uno de los mecanismos que usamos para protegernos y para avanzar hacia nuevos objetivos.

 

» Promover el eustrés

 

Por otro lado, la promoción del eustrés es lo que podemos hacer en el momento de iniciarse una respuesta de estrés.

Se trata de utilizar las herramientas adecuadas para gestionar la situación y nuestro estado de alerta de forma constructiva.

 

» Atenuar

 

Y finalmente podemos reconducir una situación de distrés en la que ya nos sentimos cansados, nerviosos, tensos y frustrados.

Esta sería una acción a posteriori, pero cuando el estrés aún no ha terminado.

 

En este caso puedes:

  • 👉 Intervenir in situ sobre el estresor para cambiarlo o eliminarlo.
  • 🧐 Informarte mejor y revisar tus creencias para cambiar tu percepción de la situación.
  • ❤ Confiar más en ti mism@.
  • ▶ Tomar decisiones y actuar.

 

 

Espero tus comentarios. 😊

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Albert Silva

Albert Silva

Formador en productividad personal y gestión del estrés.

CEO de Accionarium.

Desarrollador web. Músico.

Soy un emprendedor vocacional, con pasión por la formación, por la creación y por el arte.
Vivo en la naturaleza. Comparto mi tiempo con mis dos debilidades: mi mujer y mi hija.
Soy yo y no pretendo ser otro. Ayudo a las personas a ser más productivas en su día a día y a construir proyectos que valgan la pena.

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Albert Silva
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